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Una persona lógica pero de mente muy desordenada.

25/10/07

Aún sin título

Avenida de Mayo.


Lo que voy a contar sucedió en una fría noche en pleno centro de la ciudad de Buenos Aires.

Yo vivía a dos cuadras de Avenida de Mayo, una de las calles más turísticas de la ciudad. Aquel día salí de mi apartamento para comprar algo de cenar. Entré a un restaurante donde ya me conocían y me senté en la primera mesa que vi desocupada.
Se acercó la mesera y le ordené algo para llevar. Mientras, me quedé viendo las noticias en un televisor que estaba en la parte superior del restaurante.

De pronto un hombre se acercó a mí, se detuvo y sacó de su bolsa unos cuantos billetes, después los dejó en mi mesa y dijo; Ten, para que cenes. Y salió del restaurante.

Yo me quedé sorprendido, extrañado, atónito, Qué hago, pensé, Qué se hace en ese momento, se hace lo que uno debe hacer, o lo que a uno le nace hacer, Porqué aquel hombre me dio dinero como si yo fuese un vago limosnero que había entrado al restaurante a ver si le daban las sobras del día.

Me di cuenta que un señor que estaba frente a mi mesa había visto todo, pero tampoco sabía que había pasado; quería saber qué yo iba hacer con el dinero que estaba en la mesa. El dinero que era y no era mío a la vez.

Obedecí a lo que mis impulsos me dictaron y salí del restaurante en busca de aquel hombre. Él ya se había alejando unos 40 metros, así que tuve que correr un poco para alcanzarlo. Cuando lo hice, le dije, agitado y en tono seco; Oye mira, no se quién seas, pero déjame decirte una cosa, no soy rico pero tampoco soy pobre, la verdad no necesito tu dinero, te lo agradezco pero no te lo puedo aceptar.

El hombre, totalmente calmado y sereno, me dio una explicación del porqué me había dado ese dinero. Después de escucharlo, me volví a quedar sin palabras; no supe si pedirle perdón o darle las gracias. Él se dio la vuelta y se fue caminando como si nada hubiese pasado. Yo regresé al restaurante. Pagué mi cuenta con el dinero de aquel hombre, o más bien, con mi dinero.

Aquella noche tardé en conciliar el sueño.




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