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Una persona lógica pero de mente muy desordenada.

21/11/07

Los pájaros muertos

Ya había visto a la niña diez minutos antes de que yo entrara a la iglesia, pero al salir la vi matando a un pájaro. El ave moribunda trataba de escapar pero la niña lo azotó un par de veces en el suelo hasta matarlo. Me acerqué y le dije,

Qué haces, déjalo.
Es demasiado tarde, dijo.

Me percaté que la niña padecía una extraña enfermedad ocular. Tenía en uno de sus ojos una prominente catarata. No era una niña cualquiera. Parecía tener pocos amigos, temperamental y sobretodo astuta. Me quedé callado por un instante. La niña tomó el pájaro, lo envolvió en una tela blanca y lo echó en una bolsa negra donde había un par de pájaros muertos.

Que suerte que tú te hayas acercado. Necesito que vengas a mi casa, dijo.
¿Para qué?
Mi mamá quiere conocerte.
¿Quién es tu mamá?
Me dijo que no te dijera. Ella ya sabe que te gustan las aves y que hoy ibas a venir a la iglesia con el padre Aarón, por eso ella me mandó. Yo ya te estaba esperando. Ven, mi casa está cerca.

La tentación ante semejantes palabras me obligó a seguir a la niña. ¿Cómo su madre y ella sabían todo eso? La niña se colocó unas gafas oscuras pequeñas y empezamos a caminar.

¿Cómo se llama tu mamá?
Ángeles
¿Y de dónde me conoce?
Te ha visto
¿En dónde?
En la calle, en muchos lugares. Habla mucho sobre ti.
¿Ella sabe que matas pájaros?
No
¿Y porqué lo haces?
Tengo colección de pájaros muertos. Los más difíciles de matar son los colibríes. Yo digo que se están extinguiendo.
Y más si los quieres matar.
A mi mamá le gustan los pájaros y las aves igual que a ti, pero yo a mi mamá no la quiero.
¿Por qué?
Porque no me gusta.
¿Cómo que no te gusta?
No me gusta que ella sea mi madre.
¿Por qué?
Porque no es normal
¿Cómo que no es normal?
Es que es muda.
No tiene nada de malo que sea muda.
Si, si tienes 11 años si. Mis amigos se burlan de mí
¿Qué te dicen?
Se ríen de mí y de ella. Hacen bromas pesadas.
Entonces no quieres a tu madre.
No, o bueno, un poco. Pero no me gusta que sea muda y que quiera más a las aves que a mí. Ella me contó que quería estudiar biología, pero sus padres no la dejaron por que no podía hablar. Dijeron que reprobaría siempre y que la tratarían mal, así que no pudo ir a la escuela. Un día mí abuelita le regaló un pájaro rojo, ese fue el primero, después compró canarios y así fue. Ahora tiene más de 40 pájaros en la casa y se pasa todo el tiempo cuidándolos. Se enamoró tanto que descuido de mí. Una vez me dio una enfermedad en los ojos. Me dolían tanto y mi mamá creía que era mentira mía, que fingía el dolor para faltar a la escuela. La enfermedad creció y empecé a ver mal. Ahora veo poco con un ojo. Es una enfermedad qué no se cura más que con operación y mi mamá me dice que no tiene dinero para pagarla.
¿Y por eso estás disgustado con ella?
Si.
¿Cómo hablas con ella?
A señas.
Si pero…

Ya no hables tanto que estamos por llegar y mi mama te va a escuchar. Te quiero enseñar algo antes, pero por favor no le comentes que me viste matar al pájaro, porque que se pondría muy triste.
¿De qué crees que quiera hablar tu mamá conmigo?
Creo que te quiere pedir un favor. Al principio no le vas a entender nada pero o poco a poco sabrás que te esta diciendo. Ahora que recuerdo, te vio hace unos días en el lago, cuando fotografiabas a una garza. Ahí fue cuando me dijo que te quería conocer.
¿Cómo dices que se llama?
Ángeles

Entramos a una casa vieja, enorme, llena de enredaderas. La niña me llevó a un segundo piso y desde arriba se veía un patio rodeado de muchas jaulas con distintas aves. Había una mujer que barría el patio de una manera extraña, muy efusiva, como si estuviera enojada y a la vez, barriera con furia para descargar su ira.

Ella es una tía, dijo la niña. No le hagas caso, la gente dice que está loca porque barre la calle seis veces al día. Tiene obsesión de barrer.
Ya veo, y ¿tienes hermanos?
Uno, pero no vive aquí, creo que está en Estados Unidos. Ven, te quiero enseñar algo antes de ir con mi mamá.

Caminamos por un largo pasillo. Ahí había más plantas, enredaderas y jaulas. Me guió hacía un cuarto con una puerta de madera pintada de negro La niña sacó un manojo de llaves, abrió el candado y entramos a una habitación pequeña Había un olor extraño, a guardado y humedad. No parecía ser la habitación de la niña, no había juguetes, ni siquiera una cama. La niña sacó varios pájaros muertos de una caja de cartón. Había más de veinte. Cada uno con un nombre distinto. Me contó que los nombres los sacaba de personajes malvados de cuentos que ella leía. Después de la bolsa, sacó los otros pájaros muertos y puso frente a mí el que había matado justo cuando la vi.

Este me gusta mucho, dijo. No sé todavía como le voy a poner. Parece que no es un pájaro como los demás. Este tiene el pico largo y manchas negras. Seguro que no es de la región. Yo creo que se escapó de algun lugar lejano y vino hoy a la ciudad a que que yo lo matara. Está bien bonito míralo, parece como si estuviera vivo, como si solo estuviera dormido. Me gusta ver a los pájaros así, como si estuvieran dormidos. Traes tu cámara en tu mochila verdad, tómale una foto.
¿Para qué?
Sé que le quieres tomar una foto. Mi mamá me dijo que te atrae ver animales muertos, como la foto que tienes del caballo muerto.
¿Dónde vio esa foto?
Me dijo que alguien se la había mostrado, le preguntas ahora que platique contigo.

Tómale tú la foto, le dije.

Preparé la cámara y le di la cámara a la niña. Ella se quitó las gafas y le volví a ver los ojos.

Mira, con este ojo ya casi no veo. Sólo te veo con el otro.

No supe que decirle a la niña. Todo era muy extraño. La ayudé a sostener la cámara y como pudo, tomó la fotografía.

Quiero que me la des luego, dijo, de pronto se puso de pie, envolvió el pájaro en la tela y escondió todos en la caja de cartón, con el resto de los pájaros muertos. Después la niña se puso de pié, me miró a los ojos y susurró algo que nunca voy a olvidar,

Los pájaros y los mudos, no tienen memoria.

Y salió del cuarto.

Yo me levanté, miré hacia la puerta y la luz del sol entraba muy fuerte. Vi como la niña salía corriendo. En eso vi la silueta de su madre, en un contraluz que lastimaba mis ojos. Era alta, esbelta, de ropa anticuada negra. Me dijo con la mano,
Ven.



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