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Una persona lógica pero de mente muy desordenada.

18/12/07

No llores por mi, Argentina.

No hay nada más triste que empacar para emprender el regreso. A dos días de venirme de Buenos Aires, cuando ya había comprado el último recuerdo, llegué al departamento y en ese momento lo supe, Luis, ya no tienes nada más que hacer aquí en Buenos Aires, tienes que empacar, porque esto... esto ya se acabó.

Saqué las maletas y comencé a empacar y fue ahí cuando la melancolía me derrumbó. Me fui a un cuarto solo como vil niño chiquito, a acostarme boca abajo a tratar de resistir la resignación del regreso. Lloré por unos minutos. Fue tanto lo que me pasó en Buenos Aires. Viví cinco meses pero parece que viví ahí toda una vida. Fue como ir y encontrar al Luis que me hacía falta para poder ser el Luis que soy ahora. Buenos Aires me cambió la vida. Siento que yo no he cambiado nada, pero ya no soy el mismo. Le debo tanto a esa ciudad. Fría, triste y sucia por fuera, pero muy alegre y hermosa para sus adentros.

La lista de agradecimientos no es larga, al contrario, fueron pocas las verdaderas amistades que hice allá, pero esas fueron suficientes.

Primero, a mis maestros, Aldo Bressi, Candelaria Gil y Cecilia Glik. Ellos tres no me enseñaron a tomar fotos, me enseñaron a ser fotógrafo; y si todavía no lo soy, al menos sigo intentando serlo.

A mis grandes, entrañables e inolvidables amistades, Jaime Barajas, Ángela Torres, Susana Hidalgo y el Mike.

Y por último y no por eso menos importante, a Fernando, La Tuzo y Ursula, con quienes compartí por un tiempo las cuatro paredes, las teorías de Lacan, las borracheras pintadas de cerveza Quilmes Stout, y esos viajes a Córdoba, por supuesto al festival de la cerveza y a Montevideo.

A todos ellos, gracias.

Susana Hidalgo


Aldo Bressi



Jaime Barajas




Ángela Torres



Fer, Ursula, lg, y... no recuerdo cómo se llama la última (que patético)





lg tomando mate

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